Oscar Izquierdo | La verdad del compromiso de AENA con Tenerife

Se ha escuchado con frecuencia que no hay nada más injusto que tratar a todos por igual o por decirlo de otra manera, tratar igual a los que son diferentes. No vamos a entrar en el debate, no resuelto, de si primero es la igualdad o la libertad, entre otros motivos, porque principalmente se dilucida desde la óptica ideológica y ahí el subjetivismo prima sobre cualquier otra consideración imparcial. Pero lo cierto es que el igualitarismo provoca desigualdades flagrantes. Todo no es como se ve desde la óptica desde un despacho administrativo o gubernativo, donde la historia nos dice que cabe todo, planificando sobre papel o mejor dicho ahora, sobre una pantalla, sin ninguna consideración a la realidad vivida o sufrida. Un ejemplo palpable es la desconsideración permanente de AENA con Tenerife y sus aeropuertos y por el contrario, el cariño desmesurado a los aeropuertos peninsulares, incluso a los manifiestamente improductivos.

Es verdad que el turista viaja porque quiere ir a un lugar determinado y no por el aeropuerto que hay localizado en ese sitio, pero también es cierto, que la primera y última impresión que nos llevamos de cualquier territorio es la que se nos queda grabada, para bien o para mal. En nuestro caso, la entrada y salida de millones de turistas por la actual terminal, a todas luces deficiente, es el peor reclamo para la isla. Mientras sigamos igual, para nada valen las costosas campañas publicitarias, en el exterior, de nuestras administraciones, para recomendar nuestro destino turístico. Todo el atractivo se pierde cuando se llega o cuando se regresa, al tener que soportar unas instalaciones con un declive manifiesto, incluso arquitectónicamente, todo es viejo, antiguo e insuficiente.

Un aeropuerto no se puede quedar sólo en ofrecer a las compañías aéreas que, por cierto, hoy están y mañana no se sabe, aquellos equipamientos que demandan para su operatividad. También, tiene que atender y servir a las personas que lo van a utilizar, haciéndolo cómodo, agradable y eficiente. Además, una infraestructura aeroportuaria suele ser, es más, tiene que ser, una edificación singular que sirva para dar valor al lugar donde se encuentra. Estas dos últimas premisas no se dan en las instalaciones del sur, todo lo contrario, desmejoran notablemente la imagen de Tenerife.

Según datos de la propia AENA, desde 2014 a 2018 ha habido un incremento del tráfico de pasajeros en los aeropuertos canarios del 30,2%. Sin quitarle valor a los que han trabajado para que funcionen las instalaciones, a pesar de la precariedad manifiesta de las mismas, lo que está claro es que los visitantes vienen a Canarias, principalmente, porque es un destino único, con una belleza natural asombrosa, con un clima envidiable, con una seguridad manifiesta, con una situación geográfica cercana al destino de origen y con una población residente acogedora. No se puede creer, por inverosímil, que sean las supuestas tarifas aeroportuarias de AENA, que según dicen ellos son competitivas, las que han propiciado ese crecimiento turístico.

Dicen con desparpajo, que en los últimos 10 años han invertido en los aeropuertos canarios unos 1.000 millones de euros, Sería bueno, que también con la boca llena de orgullo como señalan este dato, descifraran los cuantiosos beneficios que han obtenido en el mismo periodo, así se conocería la equivalencia entre lo que se gasta y lo que se recibe, un dato a tener muy en cuenta en Canarias y sobre todo en Tenerife y más concretamente con el Aeropuerto Tenerife Sur. Por cierto, ya que se presume de tanta inversión, a lo mejor se les ha olvidado, modernizar y actualizar el ascensor que hay en el Aeropuerto de Los Rodeos, que comunica los aparcamientos con la Terminal, porque cuando no está averiado, lo que sucede con bastante frecuencia, por su obsolescencia, se suele tardar casi más en subir o bajar, que en realizar cualquier vuelo interinsular. Ya no digamos de la rampa que han instalado, se parece más a una rampa de obra que se utiliza en la construcción para trasladar los materiales, que a un equipamiento funcional de un aeropuerto moderno. Es cuestión de detalles.

Por: Oscar Izquierdo – Presidente de FEPECO.