Todos tenemos infinitas caras, según donde, cómo y cuando

Por Juan Santana.

No hace falta que las caras sean preciosas, más o menos lindas, pero todos estamos de acuerdo, en que las caras transmiten un mensaje, según la forma o la actitud, la mirada, las muecas. La forma de expresarte cuando hablas, vocalizando de aquella forma. ¿La cara es el espejo del alma?. Cada persona tiene una forma de ser, pero hemos aprendido con el tiempo que la desconfianza al igual que el egoísmo, es un don para triunfar en infinitos asuntos. Todas las personas tenemos más de dos caras, es decir, que la famosa frase, “Tiene dos caras” son mentiras, porque las personas según con quién hablamos, actuamos, a no ser esos que van de sinceros por la vida, pero justamente esos son los más falsos. Todos tenemos un yo interior y un yo exterior, dependiendo de las circunstancias y según la forma de vestirnos también podemos confundir al personal, porque he conocido amigos con tres pendientes en cada oreja, collares de indios apaches, vestimentas hippies, pulseras y presumiendo de libres todo el santo día, pero cuando estaba lejos de su pareja, sonaba su teléfono móvil cada quince minutos, porque la desconfianza era brutal, demostrando que estaban más trabados que las pinzas utilizadas para tender la ropa en las tendederas.

Desgraciadamente existen personas que a primera vista caen mal, porque tienen pinta de mal rollo y también pasa al contrario, personas con caras de ser maravillosos y desde que pueden, te meten una trampa. Leí un caso donde Abraham Lincoln rechazó a una persona, simplemente porque su cara no le gustaba y sin embargo era una persona preparada en todos los sentidos para su gabinete y tenía cincuenta años y uno de sus operarios habló con Abraham Lincoln para decirle que era una excelente persona. Abraham Lincoln respondió que las personas cuando pasan de los cuarenta años son responsables de sus caras y las caras inspiran confianza o desconfianza. Y según los profesionales de cerebros, como psicólogos y psiquiatras, dan la razón a Abraham Lincoln.

Cuando uno pasa de los 40 años, nuestro cuerpo se transforma según las actitudes que hemos llevado durante la mayor parte de nuestras vidas. Dicen que un rictus en nuestra frente implica preocupación y una boca que tiende hacia abajo es reflejo de una persona que no está acostumbrada a sonreír, que de estos sobran muchos. Despido la carta, presentando a María (foto adjunta), pero dejando constancia de que esta foto fue a propósito, ¡Ponte seria!, le dije, porque cada uno hará su película sobre cómo será la persona. Algunos conocidos y amigos decían frases como esta, “¿Estás enamorado de esa mujer?, ¿Quieres denunciar algo?, ¿Esa chica es médico?…..”, en fin, que cada persona tiene su película en su cerebro. Reflexión según mi criterio, “Jamás hables bien o mal de alguien o de nadie, hasta que no conozcas un poco su forma o mires en lo más profundo del mensaje o la imagen, porque en la mayoría de los casos, todo es un montaje”. Gracias por leer y regalar un poco de tu tiempo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá. Un saludo

 

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