“Sobre el Arte, II”

Por Jesús Millán Muñoz.

¿Es necesario, por mi parte, de forma modesta, reflexionar sobre el arte, las artes, las actividades culturales, de alguna manera reflexionar, aunque tenga errores de apreciación o percepción, sobre una serie de actividades, en las que llevo décadas en ello…? ¿Quizás, algunas preguntas o algunos datos, podrían abrir nuevos horizontes o nuevas posibilidades o rectificar algunos puntos de vista, y sería bueno, para todos, para los presentes y para los futuros…? ¿Es una obligación personas reflexionar, diríamos sobre décadas de percepción, experiencia, pensamiento, lectura, contemplación del arte y de varias actividades artísticas y artes…?

  1. Ir más allá del arte, poco o mucho, aunque parezca que es fácil es difícil, no solo encontrar esos nuevos caminos, sino incluso, ser aceptado por las elites culturales artísticas. Más en un mundo, dónde existen cientos de miles de autores, con millones de obras en el mercado.
  2. Tenemos que plantearnos, que hasta ahora, una gran parte del arte que se realiza, acaba destruyéndose. Admitiendo sea bueno o menos bueno. Tenemos que aceptar que hasta ahora, la inmensa mayoría de autores, son olvidados, sea estando vivos, sea a las pocas décadas de fallecer o varias generaciones después.

Quizás hoy, la tecnología de la conservación de datos o informática, podría permitir, si es que desean que se hagan, que millones de obras se conserven, al menos en formato digital, y por tanto, millones de autores, para el futuro. Independientemente de sus éxitos o fracasos en estas labores.

  1. Durante lustros he intentado hacer “libros de artista”, imitando de alguna manera, los códices medievales. En distintos formatos, dibujos sobre libros editados en imprenta, libros normales de ediciones normales. En segundo lugar, pegando trozos de obras literarias o de la Biblia, en cartulinas, tamaño cartulina, y después pintando el resto. Y otros modos de lo que entraría dentro de libros de artistas.

Especialmente los que son imitaciones a los “códices medievales”, es decir, textos literarios, en mi caso, pegados en cartulinas, no escritos a mano, y alrededor pintados con estilos de arte actual. De estos últimos he hecho varias decenas. De los otros cientos. Quizás en total más de quinientos. Que deben de estar en colecciones públicas y privadas si siguen existiendo, enteros y juntas las páginas.

Dentro de tanto fracaso como autor plástico, me siento orgulloso de los libros de artista, a imitación de los códices medievales, es decir, en hojas de cartulina, de tamaño de 65 por 50 cms. Pintados por los dos lados, en uno de ellos, pegados textos literarios, sean de escritores o poetas literarios, sean de trozos de la Biblia o del Nuevo Testamento.

  1. Todo arte verdadero y profundo y esencial, sea una combinación de filosofía, literatura, metafísica, espiritualidad, conocimiento, etc. Da lo mismo el estilo que se utilice, sean orientales o sean occidentales, sea desde Chauvet o sea de un cuadro realizado esta mañana. El verdadero arte es esa combinación de elementos, pero de verdad, no aparentar que se tienen os e sienten o se expresan o se titulan las obras, sino que el autor, emerge desde su interior, toda la tradición con esos paradigmas-variables. Y el contemplador-visualizador de la obra, tiene que ser capaz de “entenderla-comprenderla” con esos vericuetos-interpretaciones.

Los ismos o tendencias, siendo importantes, es un elemento más, pero ni siquiera el más importante. En esta óptica es en la que me he situado siempre, diciéndolo claramente o tapándolo. Esta es la realidad. Y me temo, que hay muy pocos interlocutores que entiendan el mensaje-botella en forma de arte o literatura que se les ha enviado. Que comprendan del todo este artículo o estas frases. Lo entiendan desde dentro.

  1. Llegar al silencio-vacío de la cosa o cosas, llegar al vacío-silencio de uno mismo. No es simplemente palabras-colores-manchas-títulos, sino que es algo más.
  2. Todo verdadero arte es metaarte, toda verdadera pintura es metapintura. Tanto en Oriente, como en Occidente, en el Norte y en el Sur, me temo que hay muy poca pintura, muy poco arte, que sea de verdad arte y metaarte, pintura y metapintura.
  3. Me temo que lo que he realizado de literatura-arte, escritura-pintura, me temo que nunca ha sido entendido, porque me temo, que se han quedado siempre en lo superficial, incluso en los ismos o tendencias o innovaciones en esas cuestiones, pero no han buscado lo profundo-esencial. Combinar lo esencial con lo accidental. La obra en sí, este artículo que es escritura o un dibujo en sí, solo es un laberinto-espiral de espejos, para que usted se vea dentro y fuera de sí. O dicho de otro modo, que usted sea en lo que sea. La verdadera pintura, la verdadera página escrita es la que usted hace en su cerebro, es más, más allá de su cerebro, en su interioridad. No sé si me comprende-entiende, no sé, si puedo expresarlo más claro.
  4. Lamento decirlo, lamento aún parecer o situarme en una poltrona de vanidad-soberbia. Creo que caer en la vanidad soberbia, es una de los errores más graves de todo ser humano, de todo autor, de todo investigador. Pero me temo, que después de enseñar-mostrar a miles de personas e interlocutores, la producción cultural, que denomino Cuadernos o Pensamientos, en su vertiente literaria-filosófica o en su corriente pictórica-plástica-fotográfica. Me temo, en la enorme inflación de obras existentes, me temo que pocos se han parado el tiempo suficiente para entender más allá de las primeras hojas o de los primeros colores.
  5. El arte en estos dos últimos siglos ha entrado en una vorágine de precios y consumo, en una industria cultural, que de alguna manera, quiere sustituir a la religión, en un laberinto tormenta de inversión y de autoridades y de liderazgos y de genialidades. Y me temo que se ha olvidado lo esencial, lo que está escondido, que lo que importa es la obra y el reflejo de la obra en la mente-cuerpo del que la hace y del que la recibe. Que lo que importa es la obra en sí, y no solo la firma, no solo la valía en dólares, sin menoscabo de este factor, como uno más entre docenas o cientos. Si se quitasen las firmas de cientos de miles de cuadros o de esculturas o de dibujos, y se enseñasen sin indicarles el nombre, muchas de esas obras, no serían estimadas ni por especialistas, ni por entendidos. Los mismos en el resto de producciones culturales…
  6. Ya que uno, no sabe la arena de luz que aún le queda en este mundo, ya que uno sabe, que su producción cultural, literaria-filosófica-artística-plástica, posiblemente se perderá y se destruirá, ya que uno sabe casi con toda seguridad eso, quizás, ya sea tiempo, de ir mostrando más claramente, algunos aspectos de la actividad-pensamiento cultural, que ha ido desarrollando, y que quizás, no lo haya dicho explícitamente, aunque si implícitamente. Porque al final, qué más da, si uno diga que ha intentado hacer una inmensa Catedral Mental. Y que mis interlocutores y coetáneos, durante décadas, solo han recibido ese regalo cultural, con el silencio, no el silencio interior, sino el silencio de que esa obra no existe. De la inexistencia.

Twitter.com/jmmcaminero              © jmm caminero

 

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