El sentido de la vida

Por María de la Luz.

La niña buscaba desesperadamente su escuela, desorientada y aturdida caminaba entre los escombros, cansada ya de andar se le ocurrió una idea. Tal y como se lo había enseñado su maestro, tocaría, así podrían escucharla y alguien vendría a por ella. En un intento por sacar su flauta de la mochila que apretaba contra su pecho, sintió un punzante dolor, pero restándole importancia a tal anomalía y a la sangre que manchaba su vestido color rosa, siguió adelante para cumplir con el cometido de ser escuchada. Asustada dejó caer la mochila al suelo, cuando una ensordecedora detonación hizo temblar aquellos cuerpos inertes que llenos de polvo yacían tirados por doquier. La guerra le había arrebatado todo, pero no lo que sentía cuando tocaba su flauta, estaba convencida de que la música la ayudaría una vez más a no darse por vencida y a encontrarle sentido a la vida. Cerró sus ojos y sus pequeños dedos siguieron el orden aprendido en clase para empezar en la nota musical mi, el cual consistía en tapar el agujero de detrás, colocar tres dedos con la mano izquierda y dos con la derecha, y a continuación levantar el dedo anular de la izquierda dejando destapado el tercer orificio. Respiró y comenzó a tocar.

 

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