Poetisa

Por María de la Luz.  A veces una gota puede vencer la sequía… Shaira, mi amiguita de la infancia solía tararear esta canción mientras jugábamos con mi muñeca. Un día, movida por la curiosidad, le pregunté que donde la había aprendido y me dijo, que se la había enseñado su abuela quien se la cantaba constantemente.

Me pregunto que será de ella. Recuerdo el día que nos vimos por última vez, ella se fué con su madre en un viejo camión atestado de gente, llorando y apretando fuertemente la muñeca entre sus brazos; había llegado la noticia de que su abuela había muerto. No tuvimos tiempo ni siquiera de despedirnos, simplemente le di mi muñeca y ella la cogió y la apretó fuertemente contra su pecho. Yo me quedé allí mirando como se alejaba, mientras un sol intenso que se iba ocultando en el horizonte alumbraba todo el paisaje y le daba vida a las sombras. Yo también lloraba. Detras de aquel episodio quedaron nuestros innumerables días de juegos y nuestra amistad.

En aquel lugar no había escuela, por lo tanto cualquier hora del día era buena para jugar, tampoco había juguetes así que correr contra el viento, cantar o simplemente bailar para que se levantara el polvo eran algunos de los juegos que nos inventábamos, y por supuesto, que mi muñeca ejercía un poder mágico sobre Shaira. En aquel entonces no lo entendía, pero mi amiga era con la única con quien me permitían jugar, decían que porque no estaba contagiada. Un día mientras vestíamos y desvestíamos a mi muñeca una y otra vez, le pregunté que siginficaba su nombre y ella me dijo que no sabía, que se lo preguntaría a su abuela.

Su madre estaba muy enferma y estando ingresada en el humilde e improvisado hospital de la zona, se recuperaba muy lentamente, por lo tanto, habíamos adoptado a Shaira momentáneamente mientras su madre se curaba; vivían ellas en un cacerío lejano en donde no había doctores. Han pasado muchos años ya de aquel tiempo, era yo una niña de cinco años y mis padres ejercían como médicos para una ONG que prestaba ayuda humanitaria.  

A veces una gota puede vencer la sequía… Ahora soy yo quien tararea el estribillo en recuerdo de mi pequeña amiga y de aquellos tiempos felices de mi infancia, mientras espero para abordar. Iré allí otra vez. Es mi deseo ejercer como médico en aquel lugar, anhelo volver a ver ese sol rojizo detrás del horizonte, remembranza imborrable que con el paso del tiempo ha embellecido en mi memoria el recuerdo de la cruenta realidad que imperaba a mi alrededor, dándole color a aquel tiempo de mi niñez. Poetisa, ese es el significado del nombre de mi amiga.

(María de la Luz)

16-10-2016

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