Pequeño homenaje a mi amigo Tony, de la Verdellada (La Laguna)

Por Juan Santana.

Leyendo opiniones por el mundo, copio y pego, un poco de un ser humano más del planeta, de nombre Billy y comenta que la muerte pertenece tanto a la vida como la vida pertenece a la muerte. Ambas no pueden existir sin la otra, puesto que la una es tan dependiente de la otra como el estar despierto y el dormir. Y así como el sueño entra sin que el ser humano lo pueda evadir, así también entra la muerte al final de los días, tanto si la persona lo desea o no. Sin embargo, durante su vida, ella apenas o casi nunca piensa en ello, y ni qué decir de los sentimientos que pueden surgir con respecto a la muerte. Los pensamientos al respecto se expulsan completamente de la conciencia, a pesar de que sería mejor reflexionar a fondo sobre ello para entender el verdadero sentido de la muerte, ya que de ese modo se volvería también claro el sentido de la vida. Pero de ninguna manera, ningún pensamiento y sentimiento va en esa dirección, y esto aún cuando las personas se confrontan diariamente con las malas noticias de guerras, crímenes, accidentes, asesinatos y catástrofes que cuestan la vida a millares. Pero casi nadie piensa que esta muerte también puede alcanzar la vida propia.

Con toda evidencia muchas personas parecen creer que la muerte sólo alcanza a los otros, pero no a la propia persona. Sin embargo, precisamente ese no es el caso y no es correcto, pues todos los seres humanos tienen cuerpos materiales que están igualmente integrados al proceso de envejecimiento y al carácter de lo pasajero y por lo tanto fallecerán y tarde o temprano caerán en la muerte. Naturalmente hay una gran diferencia si una muerte sucede de manera natural o accidental, por enfermedad o de manera violenta; sin embargo, sea como sea, será inevitable para todas y cada una de las personas. Por eso el ser humano siempre debe cuidar de enfrentarse intuitivamente y mentalmente con la inevitable realidad de la muerte, es decir, tanto con respecto a la propia persona, como también en relación con los parientes más cercanos y los semejantes en general. A través de esta forma sensata de pensar y a través de los sentimientos controlados que surgen de ello, emerge la certeza que la muerte pertenece tanto a la vida y también a la imparable evolución, como la vida también pertenece a la evolución y a la inevitable muerte.

Por eso la muerte nunca debe reprimirse, sino que debe reconocerse como “una madrina” para la continuación de una vida en el más allá, a la cual la forma espiritual le abre el camino para un renacimiento. Por lo tanto, el ser humano debe mirar la cara a la realidad de la muerte y reconocer su sentido y su finalidad y concienciarse de que sólo a través de la muerte puede suceder un progreso hacia otra vida. El ser humano debe familiarizarse con la muerte, la cual significa más que sólo el morir del cuerpo material. Y con esta carta que estás leyendo, deseo recordar a Tony, un amigo del alma, que solamente recuerdo sus carcajadas cuando estábamos juntos en el Bar Quitapenas en la Verdellada, tomando unas cañas y cada vez que podía iba a verme y escucharme a los conciertos, porque gracias a Dios o al Diablo, nos queríamos y respetábamos. Jamás olvidaré sus consejos que los llevaré en secreto hasta el final de mi vida, sabiendo que todos nos encontramos y esta respuesta es la que siempre digo, cuando voy a despedir a las personas, “Todos nos encontramos”. Algún día nos encontraremos todos en el más allá, con nuestros conocidos, amigos y familiares, pero algo más sorprendente es que Tony marchó hace casi dos años y su mujer y su hijo, fueron los que me dijeron, esta noticia, pero no diré esta triste noticia, porque “Todos nos encontramos”. Te quiero Tony y espero que esta carta, sea un pequeño homenaje a un humilde amigo, que curraba de chapista con todo su corazón y amaba a su familia más que a nada y a nadie en el mundo. Un saludo a todos

 

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