Oscar Izquierdo | El pato en un charco de fango

Cuando toda la existencia se vive a través del prisma ideológico, particularizado o subjetivo, la realidad se pervierte cambiando la verdad por la posverdad, que es una distorsión deliberada, manipuladora sobre las emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad, donde están contentos y se sienten más cómodos, que un pato en un charco de fango. Mirar todo con gafas llevando cristales morados o rojos, no tiene nada que ver con el daltonismo, es sencillamente empequeñecerse, circunscribiendo la cosmovisión de la vida a los estrechos y siempre falibles márgenes ideológicos, que sólo traen división y enfrentamiento. Pero el problema se plantea, cuando no sólo se autoexcluyen, sino que pretenden imponer su visión al resto de la sociedad con la obligatoriedad de un pensamiento único, que para ellos es irrefutable, siendo en cambio para los demás una carga insoportable. Malala Yousafzai una activista pakistaní defensora del derecho a la educación de las niñas y mujeres que, con solo 15 años, fue objetivo de un atentado talibán que casi acaba con su vida, dejó escrito: “no queremos políticos que tomen todas sus decisiones con el único objetivo de imponer sus ideologías, lo que queremos es que escuchen a la gente”.

El motor de la construcción es irrefutable, cuando se le denigra desde posicionamientos ideológicos, lo único que se hace es engrandecerlo. A muchos del pensamiento único les chirría que la construcción cree empleo y fortalezca el sistema productivo. Ahora no estamos para perder el tiempo en soflamas ideológicas, sino para trabajar en la reconstrucción de  Canarias, que tiene que pasar, en primer lugar, por la obra e inversión pública, que se convertirá en un elemento de estímulo prioritario ante la nueva coyuntura. Obra pública de infraestructuras viarias¸ sanitarias, centros educativos o depuración de aguas, tratamiento y gestión de residuos. En segundo lugar, la construcción de viviendas, tanto en lo que se refiere a la puesta en marcha del Plan de Vivienda de Canarias 2020-2023, como a la rehabilitación, propiciando un efecto arrastre sobre la recuperación económica y por supuesto, el empleo.  En tercer lugar, la inversión privada derivada, fundamentalmente, de dos grandes líneas, por un lado, la modernización, reforma y rehabilitación de la planta alojativa turística y de los espacios públicos anexos y por otro, aquellas obras destinadas a la adaptación a las exigencias de protección colectiva necesarias para afrontar los riesgos del COVID-19.  En cuarto lugar, una profundización en la formación de aquellos perfiles profesionales que sean requeridos y en quinto lugar, siendo el más perentorio, el compromiso de las administraciones públicas para agilizar los trámites para conceder licencias de obra, uno de los cuello de botella que impide la reactivación del sector de la construcción y frena la reconstrucción económica y social en Canarias.

La simplificación, agilización y digitalización de las distintas administraciones y de sus procedimientos, tiene que ponerse como prioridad absoluta, para que el gobierno, los cabildos y los ayuntamientos, más que estorbar, sirvan para ayudar e impulsar a la iniciativa privada, que siempre es la generadora de riqueza social. No podemos continuar en un permanente impasse, que retarde la recuperación que todos deseamos que se produzca lo más rápido posible. Hay que ser operativos, poniendo los medios oportunos para conseguir los fines deseados. En un mundo de lo instantáneo como en el que vivimos, todo tiene que hacerse con rapidez, pero con cabeza, es imprescindible unificar criterios, aunar políticas públicas, consensos sociales, para que, yendo en la misma dirección, la fortaleza de la unidad, provoque el empuje necesario para levantar Canarias.

Por: Oscar Izquierdo – Presidente de FEPECO.

 

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