Oscar Izquierdo | La construcción es la solución

Nunca nos cansaremos de repetir e insistir que la construcción es una actividad, no sólo económica, sino social, fundamental en cualquier territorio que quiera tener un crecimiento sostenido, acompañado del ansiado desarrollo sostenible. Es clave en la creación de empleo, agilizando y alegrando a los demás sectores económicos, dándoles la potencialidad que necesitan para trabajar con rentabilidad. Es una realidad, por mucho que, injustamente y algunas veces interesadamente, se le intente demonizar y culpabilizar de todos los males. Crea más rendimientos que perjuicios, porque es la base estructural sobre la que asienta un sistema económico ganador, en beneficio del conjunto societario.

La principal estrategia europea pretende generar un crecimiento inteligente, sostenible e integrador.  La economía circular es la intersección de los aspectos ambientales, económicos y sociales. Por eso, la construcción tiene mucho que decir y aportar, sobre todo, construyendo sobre lo construido, que es la reforma, rehabilitación, conservación, mantenimiento y regeneración de los espacios públicos. Sumando la eficiencia energética, la accesibilidad y la digitalización en la edificación. Es la simbiosis necesaria entre las necesidades básicas de los humanos y el imprescindible respeto al medio ambiente. No tienen que enfrentarse, sino acompañarse, porque no son excluyentes. No cabe duda que muchas cosas se han hecho mal, es más, nunca se tenían que haber ejecutado, pero de esas experiencias tenemos que aprender, precisamente para no repetirlas. Por otro lado, también ha sido contraproducente, por su idealismo ajeno a cualquier autenticidad, ese fundamentalismo ecologista que, basado principalmente en la ideología, no es capaz de contemporizar la vida cotidiana de los ciudadanos, que exigen mayor calidad de vida y bienestar social, con la defensa obcecada de sus propuestas ambientalistas.

Lo importante son las personas, por encima de cualquier otra consideración. La vivienda tiene que ser una prioridad insustituible de cualquier política pública. Clasificar los suelos, transformarlos y edificarlos, no es una tarea fácil, ni rápida, principalmente por la administración calmosa y desfasada que sufrimos, pero es ineludible. La vivienda es una necesidad básica, además de un derecho constitucional, todo lo que se haga es poco, para absorber la demanda existente, que en muchos casos es perentoria. Hay que poner al urbanismo al servicio de la rehabilitación edificatoria y en su caso, cuando sea imperioso, al servicio de la nueva urbanización. Ya no vale ese urbanismo entorpecedor, academicista y vanidosamente tecnicista   La reforma aumenta la calidad de vida del vecino, incrementa el valor patrimonial del inmueble y da seguridad constructiva. Por eso, hay que implicarse en la mejora de la conservación de los inmuebles, la incorporación de la eficiencia energética y el incremento de la accesibilidad, sin desdeñar las nuevas tecnologías en la edificación del siglo XXI. Es famosa la frase de Gandhi: “aquellas personas que no están dispuestas a pequeñas reformas no estarán nunca en las filas de los hombres que apuestan a cambios trascendentales”.

Tenemos un parque de vivienda eminentemente envejecido, sin cuidados periódicos y con falta de mantenimiento, no ha existido en nuestro país una cultura de la conservación, que tenemos que asumir y sobre todo, cumplir; es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos, por lo demás y por la sociedad en que vivimos. Fomentar la rehabilitación reporta numerosos beneficios sociales, que se sepa.

Por Oscar Izquierdo – Presidente de FEPECO.

 

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