Oscar Izquierdo | Estorban los profetas de calamidades

El mundo está cambiando de manera vertiginosa como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19. Seguirá sufriendo en los próximos años, cambios estructurales, comportamentales, económicos, sociales, culturales, de todo tipo, abarcando todas las facetas vivenciales. Es la introducción definitiva en el siglo XXI, con todas sus consecuencias, modernidades, pero también, arrastrando deficiencias a corregir. Lastres que impiden avanzar a mayor velocidad, entre los cuales destella la conducta irresponsable de algunos políticos, que siguen emperrados en mantener ideologías caducas, métodos agotados o estilos decimonónicos. Vivimos en la sociedad de lo inmediato, de la digitalización, de las nuevas tecnologías, donde todo tiene que ser claro, transparente, bastante diáfano. No se admite el secretismo, la manipulación interesada o la verdad secuestrada. La posverdad es puro subjetivismo, buscadora de réditos egoístas, que sólo aspira al acomodo y confort personal de quien la defiende. Como dice David Redoli: «más que adaptarnos a la realidad, adaptamos la realidad a nuestras creencias. Para ello podemos llegar a rechazar los hechos y los datos. Lo llamamos disonancia cognitiva».

Los pesimistas que se aparten, a los que les gusta anunciar malas noticias no los escuchamos, los profetas vestidos de negro los ignoramos, los pedantes que detrás de su prestigio académico o profesional hacen análisis catastróficos los desdeñamos. Ya tenemos bastante con la crisis sanitaria que estamos padeciendo, para que también salgan los profetas de catástrofes, anunciadores de oscuridades o técnicos de todas las materias, que rivalizan por exponer una situación futura, cada cual, más dramática. Parecen que disfrutan dando malas noticias y poniendo el miedo en el cuerpo de los demás. No somos ingenuos y sabemos que no va a ser fácil salir, pero también estamos convencidos que lo conseguiremos. Claro que costará una barbaridad, tendremos que poner mucho sacrificio, lágrimas y esfuerzo, pero nos levantaremos. El vaso también ha estado medio lleno, ha habido cosas positivas, cambios personales y estructurales a mejor, por consiguiente, hay potencialidades a explorar y también a disfrutar, que seguro traerán nuevas capacidades. La economía estará en tratamiento intensivo, para garantizar una reactivación lo mejor y más rápido posible. Seguro que aparecerán recursos públicos y privados para recomenzar. Debemos tener la convicción de vencedores, porque si salimos como derrotados, ya hemos perdido el partido desde el principio. Me resisto a ser negativo, porque confío en la capacidad de las personas para sobreponerse ante las dificultades, porque luchando se gana, así lo refleja la frase acertada de Napoleón Hill «un ganador nunca renuncia, ¡y quien renuncia nunca gana!».

Históricamente la humanidad ha salido adelante enfrentándose a hechos, acontecimientos, guerras, epidemias, catástrofes, sucesos dramáticos y otros aconteceres, que parecían irresolubles y en cambio se solventaron. La vida es un recomenzar diario, una lucha de la mañana a la noche, donde se nos exige constancia y esfuerzo. Nunca es fácil, lo asequible no suele tener consistencia, lo que cuesta es lo que permanece. Claro que tendremos que volver a enfrentarnos a una crisis económica importante, ya tenemos la experiencia de la pasada hace doce años, también global y que tanto daño personal, familiar y empresarial provocó. Casi sin recuperarnos del todo, nos topamos con una peor, todavía sin saber las consecuencias que tendrá y la profundidad de sus efectos, pero de lo que si estamos seguros es que la venceremos, como ha sido en otras situaciones similares, porque buscaremos soluciones novedosas, aplicaremos propuestas ya contrastadas, impulsaremos procesos innovadores y trabajaremos durísimo para levantarnos y reactivar la economía y la potencialidad social. Espíritu ganador es lo que hace falta, los que niegan la regeneración o la ponen en entredicho, son meros agoreros de fatalismos que estorban, porque la reconstrucción es posible y la conseguiremos.

Por: Oscar Izquierdo – Presidente de FEPECO.

 

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