Juan Santana | Felicidades a todos los inteligentes

Felicidades a todos los inteligentes que navegan por la red, especialmente aquellos que esconden sus rostros y no son capaces de ponerlos en su perfil, pero además presumen de ser los sabios, cuando son los más cobardes y energúmenos. Felicidades porque enseñan a poner a prueba mental a los más interesados en saber quién somos cuando nos enfrentamos en cualquier tertulia publica, especialmente en las redes sociales, punto de encuentro que está de moda desde hace poco tiempo, aunque parezca mucho.

Pero los más simpáticos son los anónimos que presumen de que nadie debe meterse en sus vidas privadas y sin embargo dichas personas están tan crecidas, que si creen poder meterse en las vidas de los demás. He aprendido a bloquear a los tóxicos anónimos, que viene a ser lo mismo que enviarlos a la mierda. Luego están los que comentan disparando al mensajero, pero según cómo sea la crítica, daremos la respuesta o los ignoramos, porque mantener tertulia con idiotas Profesionales, sería malgastar el tiempo precioso que Dios nos regaló o la madre que nos parió si eres ateo. Lo que está claro, es que los egocéntricos anónimos de las redes suelen insultar cuando están sin argumentos, pero recuerda bloquearlos rápido antes de caer en la trampa, porque los idiotas anónimos no tienen solución, son incurables, es una enfermedad imposible de sanar.

En muchos casos, son personas frustradas, que no han aprendido a dominar los impulsos a la hora de expresar sus sentimientos y emociones, además de las actitudes. Nada ni nadie es perfecto, todos nos hemos equivocado y nos equivocamos siempre, pero si con las equivocaciones no hemos aprendido, sin duda alguna, es porque somos idiotas Profesionales y especialmente estoy refiriéndome a los anónimos incultos o incultas que insultan cuando están sin argumentos a la hora de mantener una tertulia o cuando leen cualquier artículo y solamente comentan con el típico adjetivo mal sonante. A estas personas, les invitamos a echarse una lasquita de jamón, a no ser, que lo impida su religión.

Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del Ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.