Hermana Bruja

Por María de la Luz.

No hablaba con nadie; se ponía flores en el pelo y había mágicos secretos en sus ojos. Rosalía era su nombre; siendo una niña muy pequeña descubrió su capacidad de curar milagrosamente todos los males, y poseía una especial conexión con las flores a las cuales utilizaba como herramienta de trabajo para desarrollar sus artes y hacer el bien según lo explicaban las gentes del pueblo. En las afueras del caserío, vivía en una hermosa cueva; el lugar estaba lleno de cestas con flores y de vasijas rebosantes con aromáticos aceites; las enredaderas floridas todo el año cubrían el techo y numerosos enseres y utensilios colgaban de las paredes. Curiosamente coloridas mariposas de todos los tamaños señalaban el camino hacia su morada para todo aquel que necesitara visitarla. Se convirtió en hermana bruja el día que siendo aún muy joven y haciendo uso de sus poderes sobrenaturales, pudo contener la fuerza del río que repentinamente creció y amenazaba con inundar y arrastrar todo a su paso. Ante el asombro de todos, le murmuró al rio una extraña arenga al tiempo que le tiraba florecillas con lo que, inexplicablemente, el río se tornó apacible transformándose en mansas aguas cubiertas de flores. Tal era uno de tantos de sus misterios.

 

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