Hablando de las evangélicas de Clase C (Chungas)

Por Juan Santana.

Las mujeres que vuelan felices gritando al mundo que son evangélicas, tienen prohibido hablar con hombres y les recalcan que ni solteros ni casados, aunque hoy día son pocas las parejas casadas de contrato firmado con sus normas y obligaciones estúpidas en muchos casos, porque divorciados hay mogollones, después de jurar aquello de que hasta la muerte nos separe. Las evangélicas de Clase C, nunca quedan con hombres, ni quieren que les vean con ninguno, porque están enganchadas a una persona (el pastor), que les come el coco y las ovejas berrean de vez en cuando la palabra, ¡Aleluya!. Aunque invites a una evangélica de Clase C (Chunga) agua sin gas, diciéndole que habrán más personas, amigos, conocidos, primos o otros familiares, tampoco vendrán, porque sin el pastor, están limitadas a currar, rezar, los fines de semana y festivos ir a sus iglesias, pagar los diezmos y punto pelota. Una evangélica dijo en una tertulia, “No sabes lo que creo en Dios. Mi vida y mi sangre la trajo Dios. Mi Padre. Bendito Dios. La trajo y jamás me va a separar de sí, porque nadie separa de si a su propia sangre por muy malo que sea”. Al final no importa saber de dónde venimos ni hacia dónde vamos, sino quién corre con los gastos.

Cada uno está en su sitio en este planeta de majaretas, unos solamente hablan y otros hablamos y luchamos, con actos bondadosos, tal vez, para perdonarnos a nosotros mismos en muchos casos.. En esta parte del planeta donde no existe la guerra ni el hambre,  se vive así y en otros lugares viven asaos, asaos del dolor, por las bombas o por el hambre y cualquier injusticia. Cuando compartes tertulia sobre cualquier tema, especialmente religiosos, comprobarás que ignoran cualquier palabra, porque vuelan en otra dimensión como si estuvieran hipnotizados y sueltan frases programadas, “Mi Dios es único. Niño de mi alma.. Lo quiero más que a mí misma. Ya desearía que me quisiera lo que yo a Él” y todo esto porque el dios del que ellos hablan, es con minúscula, porque es egoísta y malo, que no te deja hablar con las personas, porque todas las personas son iguales y están en una secta, aunque siempre dirán que no están en una secta y mi Dios es mi niño. A una evangélica pregunté, “¿Tu Ayudas a los pobres?, ¿Visitas a los enfermos?, ¿Ayudas a los necesitados?. ¿O te limitas a gritar aleluya aleluya cuando tu pastor te dice cosas?”. Respondió, “Ya es como si lo hubiese hecho porque en mi corazón esta”

Le recriminé, “Eres una más del planeta que lucha soñando que es buena, igual que los que saben todo escribiendo en las redes sociales. Antes de que preguntes, te diré que yo si he ayudado a cientos de personas y vi los niños con hambre con sus caras tapadas por las moscas. Tu paga tu diezmo, que ellos saben cómo lo gastan”. Tal vez enfadada dijo, “Tu eres mejor que yo. Yo soy una basura. Dios te bendiga porque has sabido caminar en la vida. Yo no”. Me quedé pensando y le dije, “Pues anímate y conviértete en una verdadera soldado de Dios” y me respondió que sí. Cuando vives el sufrimiento de verdad, llorarás y el sufrimiento te endurecerá. Recuerdo en un viaje a Cuba, con Pedro Gaspar de San Isidro, él lloraba cuando ayudaba algunos con dinero y me dijo que yo era insensible, porque no lloro. Entonces, le dije que en Cuba faltan muchas cosas, pero nadie puede morir de hambre, porque si hay comida y que había llorado dónde si había hambre de verdad en un campo de refugiados de Tinduf en Argelia y lloré mucho cuando un hijo tuvo que esconder unos termagil, bajo la almohada de la cama de su madre, en un hospital….mejor llamarlo hospital, porque era la única medicina que había. El hijo venía para Las Palmas y nos abrazamos llorando. Estimado lector, gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, porque el tiempo es el tesoro más valioso del ser humano, pasa y jamás volverá.

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