Figurantes de ilusión

Por María de la Luz.

Estuvieron allí por cuatro meses, en fila india, uno detrás del otro, pegados entre sí, inmóviles, desnudos y sin notoriedad alguna. Venían de pasar una larga temporada, un año y medio quizás, dentro de un armario entre ropas y otros objetos. Nadie los imaginaba en aquel rincón.

A Martina, le gustaba fantasear que hablaban en susurro y  que emocionados comentaban entre sí la dichosa suerte que habían tenido al ser designados a un venturoso y emocionante destino. Pero la realidad era que, la tristeza se apoderaba de ella al sentir que por algún motivo desconocido, fueron echados a un lado por su nuevo dueño. Con mucha ilusión y generosidad, creyendo ser partícipe de una causa altruista se los había ofrecido, con la ingenuidad del que cree ser útil y de que su intención es valorada en su justa medida.

 

En muchos ratos libres se sentó en su sofá a mirarles y en alguna que otra mañana al salir de su habitación, ellos los maniquí, la sorprendieron con su compañía en su olvido. De vez en cuando la nostalgia y la melancolía se apoderaban de Martina, al recordar la ilusión que le había hecho su llegada a su piso.

Ahora, muchos meses después, mirando las fotos colgadas en las redes sociales, los volvió a ver. Ya no estaban en fila india, yacían erguidos, orgullosos e impecablemente vestidos, desbordando elegancia y sobriedad en aquel stand exquisitamente decorado. Ya no eran los mismos, cada quien ocupaba un lugar a sus anchas y con comodidad. Casi se podría decir que eran respetados por todos aquellos que pasaban por allí. Y fantaseando otra vez, los vio sonreir siendo objetos de elogio y admiración.




No supo nunca, en qué condiciones estaban desde que salieron de su piso hasta que los volvió a ver. Su nuevo dueño después de una ambigua actitud  decidió llevárselos y nunca mas habló de ellos.

Y pensar que aquellos elegantes maniquís, habían estado durante cuatro meses en un pequeño piso, ubicado frente al mar, convertidos en figurantes de ilusión y vestidos con la ingenua suposición del amor. Al verlos nuevamente, una vez más le invadía a Martina la nostalgia, esta vez acompañada del amargo sabor que deja la ingratitud, pero con la certeza de que exhibían para ella el mejor de los ropajes, el que no derruye el tiempo, el recuerdo del mejor de los sentimientos.

 

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