Son dos personas, entre aproximadamente 7.000 millones en el planeta

Por Juan Santana.

¿Quién son estas dos personas que están en la foto adjunta? No diré los nombres y si algún lector desea, que comente dichos nombres. El señor de la izquierda, profesional de Medios de Comunicación, especialmente de cables y teclas, pero desgraciadamente algunos han abusado de su sabiduría sacándole el cuero durante millones de horas por un mísero sueldo, pero sigue vive y ahora está en su casa recuperándose de su corazón dañado y como amigo que somos, espero que mejore su salud por él y su familia y que goce durante mucho tiempo de las horas perdidas, sin estar cerca de su familia y escribo con el corazón. A su lado, está mi amigo el párroco, con quién he compartido muchas horas en la Cueva de Peter Brother´s en el sur de Tenerife, un ser muy especial. Estimado lector, no somos nada, somos alguien, somos todo y gracias por regalar un poco de tiempo leyendo, el tesoro más valioso del ser humano, el tiempo pasa y jamás volverá.

Todos las “personas” somos iguales, con las mismas necesidades, comer, dormir, respirar y sentimos alegrías y tristezas, lloramos, reímos, soñamos. Obviamente todas las personas somos diferentes y cada uno con su película basada en hechos reales. Según el escritor, Roger Escruton, “los filósofos y teólogos en la tradición cristiana han considerado que los seres humanos se distinguen de los demás animales por la presencia en su interior de una chispa divina. Esta fuente interna de iluminación, el alma, no puede nunca captarse desde el exterior y de alguna manera está alejada del orden natural, quizá en vuelo hacia un lugar sobrenatural cuando el cuerpo ya no funciona y muere. Los avances recientes en la genética, la neurociencia y la psicología evolucionista han destruido por completo esa idea. Así, han hecho surgir la pregunta de cómo llenar ese espacio.

Hay algo en la condición humana que sugiere que requerimos un trato especial. Casi todo el mundo cree que matar a un ser humano inocente es un crimen, pero no lo es el matar a una inocente lombriz solitaria. Además, la mayoría de las personas creen que las solitarias no pueden ser inocentes: no porque siempre sean culpables, sino porque la distinción entre inocente y culpable no es aplicable a ellas. No son el tipo de cosa adecuado para ello. Los seres humanos viven en una rendición de cuentas mutua, cada uno responsable ante el otro y cada uno objeto de juicios. Los ojos de los otros se dirigen a nosotros con una pregunta ineludible: “¿por qué?”. Sobre este hecho se construye la base de los derechos y deberes. Y esto, al final, es en lo que consiste nuestra libertad: en la responsabilidad de responder por lo que hacemos”. Para despedir, diré lo de siempre, si mueres, ¿A quién le importamos?. Intenta ser feliz, no hay otra.

 

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