El Cachanchán al acecho para medrar

Por Oscar Izquierdo – Presidente de FEPECO.

Es el momento de escoger lo mejor, lo que sirve, lo que pueda dar fruto abundante. A partir de ahora se van a conformar los gobiernos en ayuntamientos, cabildos y autonomía. Lo ideal sería que cada puesto fuera ocupado por la persona adecuada, en cuanto a formación, preparación o aptitud de gestión. La medida debería ser la oportunidad de escoger, al que tenga las competencias suficientes para desarrollar una función que garantice su solvencia. Un error histórico, cometido reiteradamente en nuestra Comunidad Autónoma, en todos los ámbitos territoriales, ha sido el  dar preferencia al burócrata del partido, que basa sus méritos, no en una concienzuda preparación académica o profesional, sino en el seguidismo bobo y alienante de las consignas emanadas de los órganos o élites de dirección del partido que sea o lo que es peor y más denigrante, por su ridículo, vergonzante y fanático peloteo del líder que distribuye los ansiados cargos públicos a ocupar y que en la mayoría de los casos es un seguro de empleo y sueldo para cuatro años, impensable obtener fuera de la actividad política. También destacan porque no son ni fríos ni calientes, sino todo lo contrario, es decir, inutilidades andantes, no decimos pensantes, porque sería un insulto a la inteligencia. Todo lo resume muy bien Leandro Fernández Moratín: “hará el interés lo que la virtud no alcanza.”

La economía en general y la iniciativa privada, a través, del tejido empresarial en particular, necesita interlocutores en los distintos órganos de gobierno, que conozcan en profundidad la temática correspondiente a su área de actuación. No vale el amiguismo, ni la devolución de favores o la triste realidad de asegurar la manutención del que ha sido fiel y en algunos casos servidor, en el sentido más amplio de servidumbre. Ya está bien de nombrar para altos cargos directivos en las distintas administraciones a personas incompetentes, faltos de iniciativa y simples sueldólogos, que sólo sirven para crear problemas, empeorarlos, aumentarlos y no solucionarlos.  La experiencia nos tiene escarmentados, por no decir enfadados para ser educados. No puede seguirse en la dinámica del desprecio al esfuerzo y premiar a los listillos, vividores del erario, que no tienen méritos que aportar y en cambio les sobra descaro o para decirlo más coloquialmente, lo que tienen es mucha jeta.

La ejemplaridad es la asignatura, no sólo pendiente sino suspendida, en la gobernanza en nuestras islas.  Cuando a los responsables públicos se les llena la boca, de que es necesario incrementar la formación de nuestros jóvenes, porque hay trabajos que no se pueden ocupar por falta de preparación profesional y por eso insisten en alentar acciones encaminadas a la preparación académica y técnica, para así conseguir un buen empleo, habría que recordarles que, a la hora de la designación de los cargos directivos, en muchas ocasiones, no cumplen con los baremos mínimos exigibles y por lo tanto, no son modélicos, porque no se puede predicar lo que, con hechos, no se pueda ejemplificar. El músico Gustav Mahler lo señaló: “no hay más que una educación, el ejemplo.”

En el Diccionario Básico de Canarismos, de la Academia Canaria de la Lengua, se define al cachanchán como al “trabajador inexperto y con frecuencia incompetente” y también como “persona informal o chanchullera”. Está todo dicho. A la hora de la asignación de cargos públicos, no se puede seguir premiando al tolete o toleta de siempre y en cambio, hay que empezar a favorecer el talento, que falta nos hace.