Buen vivir

Desde que nacemos, el sector de la construcción nos acompaña en el devenir diario de nuestra vida, pasamos casi el 90% de nuestro tiempo dentro de una edificación, por lo que es imprescindible dotarla de las mayores comodidades, incorporando eficiencia energética, digitalización, confort, innovación…; se trata de contar con un entorno favorable, además de agradable, que permita desarrollar nuestra existencia vital, consiguiendo una habitabilidad gozosa. Pero también debe estar acompañada de un espacio público exterior regenerado, moderno, donde haya lugar para el disfrute de las personas, sin olvidar, la presencia de amplias zonas verdes que aumentan la salud y el bienestar. Todo ello basado en una accesibilidad universal, que posibilita la integración social; sería un grave error olvidarnos del progresivo envejecimiento de la población y las consecuencias que traslada a la movilidad. Nuestros núcleos urbanos tienen que significarse por ser confortables, limpios, bonitos y contar con todos los equipamientos comunitarios precisos. Los responsables públicos tienen la obligación de poner todas las medidas necesarias para facilitar los procesos oportunos de regeneración y rehabilitación. Que bien lo reflejó Ortega y Gasset al plasmar que la “ciudad es ante todo plaza, ágora, discusión, elocuencia. De hecho, no necesita tener casas, la ciudad; las fachadas bastan. Las ciudades clásicas están basadas en un instinto opuesto al doméstico. La gente construye la casa para vivir en ella y la gente funda la ciudad para salir de la casa y encontrarse con otros que también han salido de la suya”. Así se desarrolla la vida, el buen vivir, que es una visión del mundo centrada en el ser humano, como parte de un entorno natural y social.

Tiene que haber una simbiosis construcción-territorio, de tal manera que no se excluyan, ni se enfrenten, todo lo contrario. Es posible conseguirlo, cuando se abandonan posicionamientos populistas, fundamentalistas e ideológicos y se ponen en marcha actuaciones prácticas, necesarias y eficientes, poniendo a la persona en primer lugar, defendiendo su primacía sobre cualquier otra consideración. Sencillamente se trata de vivir mejor. La regeneración urbana, unida o más bien sostenida, por la reforma, rehabilitación, conservación y mantenimiento, tiene que ser ambiciosa, para conseguir, cada cual, aportando desde su ámbito de actuación, construir para disfrutar de lo realizado. No cabe duda de que todo el proceso constructivo tiene un impacto sobre el territorio en particular y el medio ambiente en general. Por eso hay que cambiar lo que es dañino, las formas, métodos o actividades que, en vez de ayudar a la convivencia, la empeoran. La realidad presente exige asumir criterios de sostenibilidad, no vale todo, porque hay que restringir o hacer desaparecer, lo que dentro de la actividad normal y diaria de la construcción pueda incidir en un deterioro medioambiental.

Las nuevas tecnologías están permitiendo la calidad de los edificios, por su integración en las distintas fases de la obra. Consiguiendo, junto a la mejora del comportamiento energético, la apuesta decidida por un entorno habitable, que facilite la convivencia. Es un reto apasionante servir a la urbanización de las nuevas ciudades, para construir sobre lo construido, es decir, rehabilitar, volver a conseguir la utilidad de lo que estaba obsoleto y convertirlo en un espacio para empezar de nuevo, consumiendo menos recursos, aprovechando lo existente y participando en una economía circular. Eficiencia y productividad tienen que ir de la mano, basadas en la digitalización, innovación y sostenibilidad medioambiental. No estamos hablando de un futuro lejano, es el presente de pasado mañana.

La renovación está haciéndose, la estamos experimentando diariamente, la construcción aporta, más que retiene, porque su efecto arrastre, positivo y dinamizador, sobre los demás sectores económicos plasma su trascendencia. Hay que dejar atrás la imagen negativa, aprendiendo de los errores y también, de los aciertos cometidos; porque ahora la construcción está integrada en los tiempos modernos edificando la vida.

Oscar Izquierdo

presidente de FEPECO

 

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