El agarradero del político vividor

Oscar Izquierdo, Politólogo.

Los políticos se han convertido en un verdadero problema a nivel global y, por supuesto, también local. Esta preocupación viene dada por el distanciamiento absoluto entre una élite excluyente y una mayoría de la sociedad padeciendo los problemas, que son incapaces de solucionar, los que tienen la obligación de hacerlo. Además, se ha establecido la mediocridad como medida participativa, es decir, se incorporan habitualmente a la política los que no tienen capacidad para brillar o destacar en la sociedad civil por méritos propios, aptitudes o competencias. Buscan un echadero donde descansar plácidamente, cobrar buenos emolumentos, siempre muy por encima de la media; planes de pensiones impensables para el resto; viajes; coches oficiales; dietas; alojamientos; gastos de representación, disfrutando de una serie de privilegios que, por cierto, con el mayor descaro, se ponen ellos mismos.

Las generalizaciones son erróneas y llevan buenas dosis de falsedad, por eso, también hay que significar, aquellos políticos honestos consigo mismos y con los demás, que entienden su actividad como servicio público, anteponiendo el interés general al suyo particular; son pocos, por eso son difíciles de identificar. La mayoría entienden la política como una profesión, de donde se pueden sacar pingües beneficios personales. Como en cualquier otra actividad humana, siempre nos encontraremos con todo tipo de personas, comportamientos o actitudes, que diferencian los casos concretos. Pero no hay duda, los datos así lo avalan, la percepción ciudadana es que la mayoría de los políticos son ineptos, vividores del cuento, listillos y aprovechados del cargo que ocupan.

Llevamos varios años donde las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) señalan que la ciudadanía pone abrumadoramente a los políticos como uno de los principales problemas del país. El desprestigio se lo han ganado a pulso, la desconfianza viene de su constante decir y no hacer, o lo que es peor, pregonar una cosa y después, sin escrúpulos, vivir la contraria. Pero la sociedad civil no es apática, ni conformista, ni está adormecida, todo lo contrario, quiere responsables públicos eficientes, trabajadores, solucionadores, servidores más que servidos, entregados a la búsqueda de respuestas satisfactorias a las demandas planteadas, repudiando de forma radical el aprovechamiento propio por medio de la política.

Se quejarán del menosprecio o que no se valora lo que hacen, pero la realidad es que son ellos mismos quienes se denigran por sus comportamientos insolidarios, egoístas, vanidosos, egocéntricos y ventajistas. Un escándalo es la noticia sobre el cobro de dietas en el Parlamento de Canarias, sólo uno ha renunciado a las mismas, el resto bien que las aprovecha. Pero hay que decir, en honor a la verdad, que también ese método se utiliza alegremente en las demás instituciones públicas. Desde luego, ejemplo de austeridad no dan, porque no es entendible que cobren por asistencia, cuando ya reciben sus espléndidos sueldos. Imagínense que cualquier trabajador recibiera sus haberes y después una dieta por ir a trabajar, para cumplir con su obligación, todo un contrasentido del contrato laboral. Se entiende la desafección general hacia estos comportamientos repulsivos. Hay que recordarles que la política no es para vivir de ella, sino para servir.

OSCAR IZQUIERDO. Politólogo

 

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