“Aforismos XXXIV de Juan de Portoplano”

Por Jesús Millán Muñoz.

Sentado en un banco del jardín cercano a su casa, el de Portoplano miraba el juego de sombras y blancos que las nubes y el sol y los árboles producían en el suelo. Como se movían. Nada queda fijado, sino que todo está en movimiento.

Todo el mundo habla de justicia o equidad o libertad o verdad o bondad o prudencia o utilidad o los grandes ideales y valores. Pero el problema es como armonizarlos entre sí, en la teoría, y cómo aplicarlos de forma correcta, en la práctica rutinaria y diaria.

Si alguien con respeto y prudencia y no humillándote te habla de un defecto o error que cometes, le debes de dar las gracias, porque, primero se está preocupando por ti, segundo, está intentando que no caigas en un error. Ciertamente, después habrá que ver si es un error o no. Pero debes sentirte agradecido, que alguien te diga lo que cree es la verdad, ciertamente en el momento oportuno y en las circunstancias apropiadas, y que no busque ninguna cosa oculta o semioculta negativa, al indicarte esa realidad.

Todos los grandes genios y maestros del pasado, vivían en un mundo, que la mayoría que les rodeaban no eran genios, ni grandes aportadores al saber concreto que a ti te interesa. Es decir, no lamentes no poder relacionarte con grandes figuras y personalidades del mundo, en la actividad que te interesa, porque los del pasado les sucedía lo mismo. Acaso Miguel Ángel estaba rodeado de genios con quienes podría hablar, o Cicerón o Platón, o Newton o…

No juzgues a un colectivo o ideología o cultura, solo como si todos los seres humanos tuviesen la culpa o tuviesen ese error. Ciertamente, un error teórico o conceptual o de voluntad o de afectividad, puede predominar más en un colectivo o grupo que en otro. Pero también un acierto o verdad o bondad puede predominar más en un grupo o colectivo o ideología que otra. Ciertamente, no todo lo bueno está en solo una entidad o colectivo o individuo, ni todo lo malo en el resto.

Nadie lo tome como blasfemia, posiblemente, si yo hubiese vivido en tiempos del Nazareno y hubiese formado parte del sanedrín, yo hubiese condenado a muerte al Nazareno. Ciertamente, si hubiese vivido en esa época, y hubiese recibido directamente en mí, sus grandes signos y milagros, quizás entonces no lo habría condenado.

No todos los judíos condenaron al Nazareno a muerte, sino solo un grupo minoritario, la inmensa mayoría, no querían que muriese, por las grandes palabras que tenía, por los grandes signos y milagros. Por qué iba el pueblo a querer que muriese un profeta, al menos, un profeta que le curaba o podría curarle de multitud de enfermedades. Es un error, histórico, pensar que el pueblo judío condenó a muerte al Nazareno o querían la muerte, porque la inmensa mayoría del pueblo de ayer y de hoy, no entienden las diferencias teológicas de sus culturas, pero si comprenden si alguien les cura de algún mal o algunas enfermedades… ¡Digo yo!

Por qué el pueblo judío, de aquella época y sociedad y cultura, con esos adelantos técnicos y científicos que disponían, con docenas de enfermedades, que les llevaban a la tumba prematuramente, porqué iban a querer que un profeta, similar al menos a Elías, muriese y se le condenase a muerte, si solo esa Persona podría curarles de multitud de enfermedades. El pueblo judío, o incluso la inmensa mayoría del pueblo judío, de las clases altas y medias y bajas, no deseaban que el Nazareno muriese.

Si un colectivo equis, se dedica, parte de él, a la medicina y al préstamo de dinero, casi obligatoriamente, ese grupo o sector o ideología o grupo o religión, si es minoritaria en la sociedad, recibirá críticas y rencor del resto de la sociedad. Porque al final, los médicos no pueden curar todas las enfermedades, al final, los prestamistas de dinero, los deudores no les pagan a los acreedores, por tanto, se va acumulando durante generaciones un odio o inquina o rencor o maledicencia a ese grupo o colectivo minoritario, que parte de sus ciudadanos se dedican a la medicina, parte a ser prestamistas de dinero…

Todo ser humano busca su pequeña felicidad, aunque no sepa muy bien lo que es la felicidad.

Tanto hizo sufrir a nuestros padres y abuelos la última guerra civil en suelo hispánico que tememos caer en otro conflicto armado.

Todo el mundo siente que en algo, realidad o persona, ha fracasado, que no ha surgido todo según sus intenciones, aunque hayan sido legales y morales…

Entendemos nuestros fracasos a medias, los de los demás, a lo sumo un cuarto.

Alguien que no habla mucho, puede pensar que ha hablado demasiado. Alguien que habla mucho, pensar que habla poco o lo normal.

Tenemos la misma naturaleza que hace cincuenta mil años, no es raro, que tengamos los mismos deseos y temores. Solo cambian las palabras y los conceptos y las técnicas.

El de Portoplano se quedó mirando fijamente una pequeña flor. Quizás, más que la flor en sí, el reflejo de la flor en el interior. El eco que un objeto o pensamiento o palabra tiene en el mar interior. Se levantó y miraba sus pasos buscando el silencio de la sinfonía del interior.

http://twitter.com/jmmcaminero © jmm caminero (22 abril-30 junio 2019 cr).

 

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